Revista TOMO, São Cristóvão, v. 44, e23672, 2025  
DOI:10.21669/tomo.v44.23672  
Dossiê: Tecnologias digitais e bem-estar: o olhar  
da sociologia dos mercados  
E-ISSN:2318-9010 / ISSN:1517-4549  
Dossiê  
Marcas corporales y trabajo digital: contribuciones  
desde una sociología de los cuerpos/emociones  
Pedro Lisdero*1  
Resumen  
Este artículo interpreta las “marcas” de los cuerpos-que-trabajan en las Sociedades 4.0 (Scribano y Lisdero,  
2020), integrando aportes de la teoría social del cuerpo y las emociones. Con base en fuentes secundarias y  
entrevistas a trabajadores digitales en Córdoba y Villa María (Argentina), se busca problematizar la dimen-  
sión emocional del trabajo digital y proponer una noción amplia de “marcas corporales” como clave para  
comprender los procesos de reestructuración actuales. El escrito se organiza en tres ejes: (1) una concep-  
tualización de la intersección entre digitalización y emocionalización del trabajo, planteando las marcas  
corporales como herramienta analítica; (2) la presentación de datos secundarios que contextualizan las  
formas tradicionales de abordar las afecciones corporales en el trabajo; y (3) la recuperación de las voces de  
los actores para explorar la relación entre marcas corporales y emociones, aportando pistas significativas  
para entender los procesos de reestructuración social en curso  
Palabras clave: Cuerpos; Emociones; Digital; Trabajo; Argentina; Sociología.  
*
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Universidad Nacional de Córdoba, Centro de Investigaciones y  
Estudios Sobre Culturas y Sociedad; Universidad Nacional de Villa María; Córdoba, Argentina. E-mail: pedrolisdero@gmail.  
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Pedro Lisdero  
1. Introducción  
Las consecuencias radicales de la expansión de las Tecnologías de la Información y de la Comu-  
nicación (TIC) en diversas esferas de nuestras interacciones, y las particulares reconfiguraciones  
implicadas en el despliegue del trabajo digital (Fuchs, 2014), nos llevan a interrogarnos acerca de  
las características y el alcance del capitalismo como marco de las transformaciones globales en  
curso: ¿Qué capacidades vitales se vuelven productivas en la creciente digitalización de nuestras  
tareas? ¿Cómo son los cuerpos que llevan adelante la reestructuración de las cadenas de valor di-  
gitales que parecen rearticular el capitalismo global? ¿Qué nos revelan las marcas que los propios  
procesos de producción dejan en los trabajadores digitales acerca de “nuestra época”?  
En función de estos interrogantes, y tomando como elementos de análisis algunas fuentes secun-  
darias y entrevistas en profundidad a trabajadores digitales en dos ciudades de la provincia de  
Córdoba, Argentina, este artículo tiene como objetivo ensayar un marco de comprensión de las  
“marcas” de los cuerpos-que-trabajan en las Sociedades 4.0 (Scribano y Lisdero, 2020). Recupe-  
rando algunas contribuciones de la teoría social del cuerpo y las emociones, se busca establecer  
un marco crítico para repensar las afecciones de “salud en el trabajo” y re-construir una noción  
amplia de “marcas corporales” en tanto rasgos significativos y comunes de las “formas de sentirse”  
de diversas experiencias de trabajo digital.  
La estrategia argumentativa tramada buscará en primer lugar explicitar algunos puntos de partida,  
aclarando una particular forma de comprender la intersección entre digitalización y emocionalizaci-  
ón del trabajo. Después, se presentarán algunos datos secundarios disponibles que comiencen a con-  
textualizar las formas en que tradicionalmente se conciben las afecciones de los cuerpos en el traba-  
jo. Finalmente, recuperando la voz de los actores, se explorará la relación entre marcas corporales y  
emociones, como una vía para “mirar” más acá de los sesgos teóricos-metodológicos, y comprender  
algunas pistas significativas de los procesos de re-estructuraciòn del trabajo y la Sociedad 4.0.  
2. Puntos de partida: Una mirada desde el cuerpo/las emociones a la metamorfosis digital  
del trabajo  
2.1. La re-invención del trabajo en las sociedades 4.0: el trabajo digital  
El escenario social del siglo XXI —con matices según las especificidades territoriales derivadas  
de los procesos globales y neocoloniales de poder— se caracteriza por la convergencia entre la  
metamorfosis del mundo laboral y la creciente digitalización de la vida cotidiana. Estos procesos  
se vinculan con otro aspecto clave, a menudo relegado por los enfoques predominantes sobre el  
trabajo, que puede recuperarse a partir de lo que Scribano (2023) denomina “colonización del  
planeta interior. Esto implica reconocer las emociones como dimensión central de los procesos  
sociales y al cuerpo como terreno privilegiado para su manifestación.  
La noción de trabajo digital (Fuchs, 2014) abarca una gama diversa de manifestaciones laborales:  
desde el reparto a través de plataformas y el trabajo remoto, hasta tareas especializadas vincula-  
das con la integración de las TIC en distintos sectores económicos, incluyendo también a quienes  
sostienen las infraestructuras básicas del “mundo digital. Aun reconociendo las complejidades de  
debates incluidos en el contexto de esta noción, quisiéramos recuperar aquí tres ejes relevantes.  
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Marcas corporales y trabajo digital  
En primer lugar, es importante enmarcar la emergencia del “trabajo digital” a partir de algunas  
líneas de continuidad con un vasto campo de estudios dedicado al análisis del “mundo del trabajo.  
Así, durante las últimas cinco décadas, este campo ha aportado evidencia acerca de una serie de  
transformaciones estructurales (Castel, 2002; Antunes, 2005) que han reconfigurado profunda-  
mente las relaciones laborales cotidianas. Entre los aspectos más relevantes, se destacaron los  
cambios en la composición de la clase trabajadora, los procesos de transnacionalización y reterri-  
torialización, la pérdida de derechos laborales y la reorganización de los procesos de trabajo, entre  
otros (Antunes, 2005).  
En segundo lugar, el fenómeno del trabajo digital se enmarca en el despliegue de lo que ha sido  
conceptualizado como “Sociedad 4.0” (Scribano y Lisdero, 2020). Esta noción se refiere a un salto  
cualitativo y cuantitativo posibilitado por el acceso acelerado a computadoras más potentes y con  
mayor capacidad de almacenamiento, junto con una drástica reducción en los costos de los dispo-  
sitivos y servicios asociados a las TIC, entre otros (United Nations Trade and Development, 2017).  
Este fenómeno ha tenido un impacto inédito —y creciente— en las actividades más relevantes de  
la vida cotidiana.  
En el campo de los estudios del trabajo, es posible identificar tres ejes analíticos en torno a la de-  
finición de la noción de “trabajo digital”:  
La discusión en cuanto a los objetos de expropiación en los procesos digitales, destacando el  
lugar diferencial del cuerpo y el conocimiento dentro del marco de una renovada teoría del  
valor (Fuchs, 2014; Fumagalli, 2015; Huws, 2013);  
Los debates sobre los procesos laborales y sus soportes materiales (coordinación espacio-  
-temporal de las interacciones productivas), en los que cobran relevancia conceptos como  
“prosumo” (Ritzer y Jurgenson, 2010), “Playbour/Gamebour” (Lund, 2015), “trabajo gratuito”  
(Terranova, 2012), “trabajo no remunerado” (Fuchs, 2014), y formas colaborativas o coopera-  
tivas de producción (Meil y Kirov, 2017);  
Finalmente, un tercer grupo de investigaciones se orienta al estudio de la constitución de los  
sujetos laborales, subrayando procesos de intensificación, dependencia global, feminización  
y neotaylorismo (Huws, 2013), así como precarización (Dyer-Witheford, 2015) y heteroge-  
neidad en términos de organización, entornos y relaciones contractuales (Fuchs y Sandoval,  
2014).  
En tercer lugar, las dimensiones hasta aquí problematizadas —transformaciones laborales y digi-  
talización— impactan fuertemente en las experiencias cotidianas de los trabajadores, que desde  
nuestra perspectiva analizaremos poniendo al cuerpo y a las emociones como coordenadas cen-  
trales (Scribano y Lisdero, 2020). En este sentido, y desde una mirada amplia, puede observarse  
que los enfoques sociológicos sobre el cuerpo y las emociones se remontan a los “clásicos, como  
Georg Simmel (Alastuey, 2000; Le Breton, 2002), Marx (Haber, 2007), y autores como Norbert  
Elias (1993), Pierre Bourdieu (1991) y Anthony Giddens (1993), entre otros.  
En tanto campo disciplinar, algunos autores sitúan el inicio de la sociología del cuerpo en los tra-  
bajos de Brian Turner (Gremilion, 2005), mientras que otros destacan a Thomas Scheff, Arlie Ho-  
chschild y Theodore Kemper como pioneros en el estudio sociológico de las emociones (Alastuey,  
2000). Más allá de la pertinencia del cuerpo/las emociones como objeto relevante para la teoría  
social, nos interesa aquí abordar de lleno cierta vacancia que suele tener en el análisis de las trans-  
formaciones de los fenómenos laborales (Bolton, 2010).  
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Pedro Lisdero  
El enfoque planteado busca recuperar un interrogante transversal a los tres ejes mencionados —  
metamorfosis laboral, digitalización y emocionalización—, centrándose en las mediaciones y arti-  
culaciones donde el cuerpo actúa como sustrato para la mercantilización digital de las vitalidades.  
2.2. Cuerpos y emociones en el trabajo: una mirada crítica al trabajo digital  
Desde la mirada que aquí proponemos, los sujetos sociales conocen el mundo a través de sus cuer-  
pos (Scribano, 2017). Las percepciones, sensaciones y emociones constituyen un trípode esencial  
para la comprensión de las sensibilidades sociales. Estas, a su vez, actualizan continuamente los  
esquemas emocionales surgidos de normas aceptadas y aceptables, los cuales se configuran me-  
diante distintas formas de conexión y desconexión entre “la política de los cuerpos” y “la política  
de las emociones” (Scribano, 2017).  
Así, lo que llamamos “Sociedades 4.0” supone ciertas formas particulares de gestionar las ener-  
gías corporales, las cuales se encuentran a su vez relacionadas con unas formas adecuadas de  
“sentirse”: escrutar las experiencias de los trabajadores digitales implica enfocarse allí donde se  
“encarnan, y por tanto se vuelven concretas las políticas de las sensibilidades. Estas remiten a un  
conjunto de prácticas sociales cognitivas-afectivas que generan, gestionan y reproducen ámbitos  
de acción, disposición y cognición. Estos ámbitos comprenden la organización de la vida diaria, la  
interpretación de preferencias y valores, así como la instauración de parámetros para gestionar el  
tiempo y el espacio (Scribano, 2017).  
En su conjunto, estos elementos advienen centrales para comprender el sentido de la acción de  
aquellos que experimentan “en carne propia” las metamorfosis digitales del trabajo: dicho de otra  
manera, tomando como punto de partida la reflexión sobre el vínculo entre cuerpo/emociones  
y trabajo digital, es posible identificar una serie de mediaciones entre la vitalidad corporal, sus  
marcas corporales y los afectos como territorios de explotación.  
Es en este sentido que queremos retomar críticamente la noción de “trabajo digital. Por ejemplo, si  
retomamos el esquema de clasificación de Fuchs y Sandoval (2014), los autores asocian el trabajo di-  
gital al “uso del cerebro, por lo que, más allá de las combinaciones posibles con tecnologías digitales o  
no digitales, este siempre interviene en el proceso. Es quizás en este punto donde podemos comenzar  
a complejizar la definición de trabajo digital, cuestionando esta relación naturalizada entre informa-  
ción-cerebro, para lo cual proponemos definir al cuerpo más allá de la escisión cartesiana cuerpo/  
mente. En su lugar, abogamos por una perspectiva que ponga en el centro de la reflexión a las sensi-  
bilidades construidas como condiciones y resultado de la interacción cuerpo-condiciones de trabajo  
y las tecnologías digitales. Esto, a su vez, como veremos en el próximo apartado, nos posiciona desde  
“otra mirada” para captar la relación entre mercantilización de los afectos y “marcas” de los cuerpos.  
Las políticas de las sensibilidades pueden pensarse como articulación-mediación entre el capita-  
lismo digital y el trabajo digital. En otras palabras, como el resultado de los interrogantes acerca de  
cuáles son las prácticas cognitivas-afectivas vinculadas a la producción, management y reproduc-  
ción de los horizontes de acción, disposición y cognición requeridos por los mecanismos metabó-  
licos del trabajo digital en el marco del capitalismo actual. En este esquema, no hay “información”  
como proceso vinculado a la construcción de valor, sin mediación corporal. Y al mismo tiempo, el  
proceso de valorización que se desprende de la mercantilización de la información implica nece-  
sariamente una economía política de la moral que se despliega como parte del “renovado” espíritu  
del capitalismo digital en nuestros días.  
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Marcas corporales y trabajo digital  
Desde esta perspectiva, resulta necesario comprender en qué sentido el advenimiento de la Socie-  
dad 4.0 se apoya sobre la gestión (intervención y transformación) de los sentidos y, por lo tanto, de  
qué manera el trabajo digital implica una serie de re-configuraciones significativas. Estas se darían  
respecto a la gestión de los cuerpos/emociones orientadas a captar y metabolizar las energías  
vitales de los sujetos y los sistemas sociales. La idea de “marcas corporales” es re-escrita en este  
sentido; estas son al mismo tiempo “la huella” en que la historia social del trabajo se imprime en  
los cuerpos como predisposición; el “anclaje subjetivo” del motor que se activa en el mecanismo  
de cooperación que el trabajo digital requiere; y el “faro” que señala las posibilidades de acci-  
ón de los cuerpos “afectados” por este particular régimen de sensibilidades. Alejado de un sesgo  
sustancialista, pero sin perder de vista la materialidad de las energías corporales que mueven la  
maquinaria laboral, comprender a las marcas corporales como “huella, motor” y “faro” implica  
hacer críticas a las formas tradicionales de pensar los efectos – afecciones – que la actividad labo-  
ral implicada sobre los cuerpos.  
2.3 Hacia una re-interpretación de las marcas corporales  
2.3.1. De los efectos del trabajo en los cuerpos a la salud laboral: una mirada crítica a  
algunos antecedentes  
Podríamos vincular las “marcas en los cuerpos” con los esfuerzos teóricos para definir los límites  
que la expansión capitalista encontraba en su productividad. Así, Dejours (2001) observa que a  
comienzos del siglo XIX la preocupación central era la supervivencia: proteger el cuerpo frente  
a condiciones laborales que amenazaban tanto su “integridad física, expresada, por ejemplo, en  
el riesgo real de perder partes del cuerpo, como su salud en oposición a la enfermedad. En este  
contexto, el movimiento higienista viene a dar respuesta a los riesgos que el trabajo imponía, y la  
naciente “cuestión social” adviene en un esfuerzo por gestionar la relación entre “marcas corpo-  
rales” y energías productivas para el capitalismo en expansión.  
Pero las necesidades vitales requeridas por el aparato productivo mutan, y así, a partir de la déca-  
da del 1960, se amplía también la noción tradicional de salud laboral. El aporte de nuevas discipli-  
nas permitió extender el foco hacia lo que se concibe como “la salud mental” de quienes trabajan.  
En el contexto teórico argentino, Schuren (2004) identifica cuatro enfoques relevantes de la psi-  
cología y la psicología social para abordar las relaciones entre trabajo y salud: la teoría de las  
Relaciones Humanas, que promueve participación y autonomía frente al aislamiento y especia-  
lización del taylorismo; las teorías de las expectativas, que asocian motivación y bienestar con la  
consecución de metas (desplazando productividad por satisfacción); la psicología ambiental, que  
introduce una mirada sistémica sobre la interacción entre entorno físico y social; y la teoría de la  
Salud en el contexto laboral, que incorpora nociones como estrés, burnout y tedio.  
Por su parte, desde otra mirada disciplinar, Neffa (2019) destaca que las condiciones y medio  
ambiente de trabajo (CyMAT) y los riesgos psicosociales (RPST) derivan de la organización y con-  
tenido del proceso productivo. Desde esta perspectiva, las transformaciones del capitalismo —de  
Smith al fordismo— incrementaron productividad y control, pero redujeron autonomía y salud  
laboral. A partir del concepto de estrés de Selye (1936), se desarrollaron modelos explicativos que  
vinculan organización del trabajo y salud: el de Karasek Jr. (1979) (demandas/autonomía/apoyo),  
el de Siegrist (1996) (desequilibrio esfuerzo-recompensa), el del Instituto Sindical de Trabajo,  
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Pedro Lisdero  
Ambiente y Salud (2003) (riesgos psicosociales y género) y el de justicia organizacional (impacto  
de la inequidad en la salud).  
Aunque las perspectivas relevadas hasta aquí no son las únicas, esta primera mirada nos puede  
servir para ilustrar algunos posibles aportes diferenciales desde una sociología de los cuerpos/  
emociones. En este sentido, resulta interesante destacar algunos posibles sesgos resumidos en  
tres rasgos destacables:  
a. El primero tiene que ver con cierta pregnancia para pesar la salud como un problema de “dese-  
quilibrio” (muy vigente en las miradas sobre el estrés laboral), lo cual podría a su vez asociarse  
a la reducción del fenómeno a un nivel micro (consagrando una dualidad micro-macro de aná-  
lisis). Aunque varias de las perspectivas disponibles abordan estos sesgos, rompiendo marcos  
“normalizadores” heredados del enfoque higienista o aún conectados con salud y con condi-  
ciones de trabajo, creemos necesario enfatizar unas rupturas que permitan poner en relación  
la mutación de los aludidos procesos normalizadores con las necesidades de re-estructuración  
digital-emocional en curso (Scribano, Lisdero y Quattrini, 2016).  
b. La segunda observación guarda relación con lo expuesto en torno a la definición de trabajo  
digital, y se basa en los posibles aportes para pensar las marcas corporales más allá de la tradi-  
cional escisión cuerpo-mente. En muchas ocasiones, tanto la definición de las enfermedades la-  
borales, salud mental, como las metodologías dispuestas a capturar las marcas-de-los-cuerpos  
que trabajan, “arrastran” concepciones que escinden lo “psíquico” de lo “físico, lo que reduce  
la complejidad relacional de los fenómenos, o relega la dimensión social de lo mismo a una  
especie de “caja negra” que la aísla de los análisis integrales. En contra de esto, se propone una  
concepción dialéctica de las energías corporales sustentadas en la comprensión de sus dimen-  
siones bio-psico-social (Lisdero y Del Corro, 2024)  
c. En estrecha relación con los dos rasgos anteriores, la dimensión “emocional” se suele circuns-  
cribir al campo de la subjetividad. Desde la perspectiva que aquí se adscribe, las emociones no  
constituyen solo un fenómeno individual y subjetivo, sino que su potencia para el análisis social  
reside justamente en la capacidad que se produce en la instanciación de una emoción, entre lo  
que el sujeto siente, las formas adecuadas de sentir (configuradas por y en lo social), todo lo  
cual tiene “consecuencias” en el régimen de sensibilidades en que se inscribe.  
En síntesis, una mirada desde los cuerpos-emociones, tal como aquí se lo concibe, permite re-  
-escribir el análisis de las “marcas corporales, enfatizando lo que en ellas hay en tanto “huella,  
“motor” y “faro” para comprender el estado de las relaciones sociales.  
2.3.2. Del trabajo emocional a la crítica de la economía política de las emociones en  
las sociedades: marcas corporales y geometrías afectivas del trabajo digital  
En el marco de las discusiones que venimos desarrollando, resulta clave abordar la mercantiliza-  
ción de las emociones (Hochschild, 1983; Illouz y Mastrangelo, 2019; Scribano y Lisdero, 2020)  
como rasgo distintivo de los procesos de valorización del capital. Desde sus orígenes, el capita-  
lismo occidental ha situado la gestión emocional como eje central en la estructuración del orden  
social y, en particular, del mundo laboral. Sin embargo, las sucesivas metamorfosis productivas  
—y su articulación con distintos sistemas tecnológicos— han introducido especificidades que es  
preciso considerar. Así, junto a ciertos componentes comunes del régimen de sensibilidades que  
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Marcas corporales y trabajo digital  
acompañó el surgimiento y expansión del mercado de trabajo, emergen rasgos y ritmos particula-  
res vinculados a las formas en que los mecanismos metabólicos, y sus expresiones técnicas, gestio-  
naron y, por lo tanto, marcaron las vitalidades corporales reinventadas, en este caso, la dimensión  
afectiva de la vida social de los trabajadores.  
Reconstruir esta historia sería inabarcable en este espacio, pero debemos comenzar a identificar  
que la consolidación de formas de producción basadas en la mercantilización de las capacidades  
cognitivas y afectivas transforma la clásica escisión entre las dimensiones objetiva y subjetiva del  
trabajo. Los aportes de estudios clásicos del trabajo, como los de Friedman (1961), resultan ilus-  
trativos del cambio de paradigma que implicó la mutación del régimen de sensibilidades desple-  
gado como condición de la “maquinización.  
Podríamos ilustrar esta transformación de las condiciones afectivas de la producción a partir de la  
transición desde el “sudor” a la “lágrima” (Lisdero y Quattrini, 2020). Si el requerimiento de cier-  
tas vitalidades de los cuerpos tenía como “marca corporal” al “sudor, es porque el mandato moral  
que organizaba la “experiencia” de los trabajadores se resumía en “ganarás el pan con el sudor de  
tu frente. Pero ante la metamorfosis del capital, el “sudor” da paso a la “lágrima” como la “huella”  
de las afecciones asociadas a las sensibilidades emergentes, que eran al mismo tiempo condición  
para garantizar la producción.  
Así como el “sudor” constituía el signo de unas específicas conexiones entre condiciones de tra-  
bajo y “uso” del cuerpo, la “lágrima” condensa una verdadera mutación en esta relación, donde las  
condiciones sensibles adquieren otro lugar. Al aburrimiento que tempranamente captó la atención  
de Friedman (1961) le sucedió un conjunto de esfuerzos —desde diferentes disciplinas— orien-  
tados a captar las consecuencias de lo que aquí venimos describiendo como la re-invención de las  
capacidades vitales vinculadas a la dimensión afectiva de los cuerpos-que-trabajan.  
Siguiendo este camino, la mercantilización de las emociones constituye un eje desde donde re-  
-construir estos ritmos diferenciales de nuestra época, abriendo interrogantes acerca de su rela-  
ción en la constitución del trabajo digital. La noción de “trabajo emocional” puede brindarnos una  
pista en este sentido: en la versión de Hochschild, acuñada en 1983, este concepto aplicado a la  
revalorización de la producción de servicios, destaca un trabajo que se objetiva en otro sujeto —  
cliente o usuario— más que en un objeto material. Hochschild (1983) examina el caso de asisten-  
tes de vuelo y vendedores de seguros, observando cómo las emociones, reguladas en las tareas, se  
tornan parte del proceso productivo. Su estudio demuestra que muchos trabajadores no venden  
solo fuerza física o conocimiento, sino que también movilizan sus dimensiones afectivas.  
Esta incorporación de las emociones como parte de la fuerza de trabajo exige nuevas formas de  
control corporal. Ya no basta con representar; en ciertos trabajos se requiere un cuerpo dotado  
de sensibilidad capaz de producir un excedente emocional con valor de mercado. Esto redefine  
lo íntimo y promueve nuevas formas de vivir el trabajo, abriendo interrogantes no solo acerca  
de las consecuencias de estos cambios respecto de un conjunto de relaciones donde la sociedad  
concentraba esfuerzos de integración, sino también acerca de las afecciones de estos cuerpos-que-  
-trabajan.  
Si la repetición muscular genera agotamiento, ¿cuáles son las re-invenciones de las expresiones  
emocionales de estos “límites corporales” que diversas disciplinas supieron definir a partir de  
nociones como la de salud en el trabajo, salud mental, o riesgos? Si muchas veces estar cara a cara  
con otro en el trabajo implica un esfuerzo emocional diferencial, ¿qué es lo que los trabajadores  
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Pedro Lisdero  
ponen en juego en tanto plus de vitalidad en las cadenas digitales del trabajo emocional? ¿Cuáles  
son los equivalentes actuales de las “lágrimas digitales, y en qué sentido estas “marcas corpo-  
rales” nos comunican algo acerca de los procesos sociales en curso? Exploraremos a continuación  
algunas pistas para comenzar a tramar algunas posibles respuestas a estos interrogantes.  
3. Una hermenéutica a las marcas corporales: cuerpos-que-trabajan y energías afectadas  
en cadenas digitales de trabajo  
Este apartado recupera registros de experiencias de trabajadores digitales construidas en diferen-  
tes contextos de investigación. Pero antes de avanzar en la mirada que los propios actores devuel-  
ven sobre sus propias “marcas corporales, se hace necesario contextualizar. Para ello, hemos com-  
pilado una serie de datos secundarios disponibles, siguiendo las pistas de lo que las perspectivas  
antes expuestas (acerca de la salud en el trabajo y/o los riesgos psicosociales) permiten dibujar  
como primer panorama.  
3.1. Una postal (insuficiente) de la salud mental de los trabajadores: análisis de datos  
secundarios  
Tal como hemos señalado, la compleja discusión teórico-metodológica sobre la salud —y en par-  
ticular sobre la salud mental en el trabajo— encuentra un correlato en ciertos datos secundarios  
que podemos recuperar brevemente. Podemos iniciar este recorrido retomando el informe con-  
junto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo  
(OIT) (Organización Mundial de la Salud, 2022). Dicho informe, como se observa en la Figura 1, no  
solo alerta sobre la magnitud creciente de la “salud mental laboral, con su impacto en días labo-  
rables perdidos y costos económicos, sino que también esboza una “ecología emocional” marcada  
por la ansiedad, la depresión y el suicidio.  
Figura 1. Salud mental en el trabajo: algunos números  
Fuente: Organización Mundial de la Salud, 2022  
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Marcas corporales y trabajo digital  
Si volvemos la mirada sobre el contexto argentino, un informe de la Superintendencia de Riesgos  
del Trabajo (SRT) reconoce que  
Si bien la legislación actual toma en cuenta los efectos de la carga física –es decir, sobre el  
cuerpo– que pueden dar lugar a accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, no  
hay una sola enfermedad de origen psíquico y mental reconocida y que dé lugar a una re-  
paración o indemnización (Superintendencia de Riesgos del Trabajo, 2022, p. 5).  
En esta dirección, la Encuesta Nacional a Trabajadores sobre Condiciones de Empleo, Trabajo,  
Salud y Seguridad (ECETSS, 2018), analiza los riesgos psicosociales en los lugares de trabajo. La  
encuesta identifica que una parte importante de los trabajadores está expuesta a factores como  
alta demanda de trabajo, presión por plazos, escaso control sobre las tareas, falta de apoyo social  
e inseguridad respecto a la estabilidad laboral. Estas condiciones presentan prevalencias diferen-  
ciadas por sexo, edad y sector de actividad, lo que afecta con mayor intensidad a ciertos colectivos  
—como mujeres, jóvenes y quienes se desempeñan en actividades con alta intensidad laboral—,  
asociándose a estrés, agotamiento y otros problemas de salud vinculados al trabajo.  
Acerca de la provincia de Córdoba, los datos disponibles de la Superintendencia de Riesgo de Tra-  
bajo (2025) nos permiten circunscribir la mirada a los “accidentes” y enfermedades laborales de  
trabajadores formales. Esto constituye un indicador proxy que puede ser relevante, más allá de las  
limitaciones y sesgos de la fuente (solo registra una porción muy pequeña de la fuerza de trabajo  
formal, con “seguro” contratado).  
Así, para el año 2023, se reportaron 49.358 casos de accidentes/enfermedades laborales para la  
provincia. Si observamos la distribución por sectores/ocupaciones, vemos que la mayoría de los  
eventos registrados se concentran en actividades industriales (25%), aunque llama la atención  
que un porcentaje importante agrupa también otras actividades (servicios, 13%; administración,  
9%, etc.). Otro indicador curioso remite al registro de una lista de “zonas del cuerpo afectadas”:  
el aparato “psíquico” como “zona afectada” aparece solo en 109 casos (0,2% de los casos); pero  
además estos casos no están vinculados ni a enfermedades laborales (sino a “accidentes”), ni a  
actividades y/o ocupaciones de servicios (tal como sería esperable según la bibliografía). Estos  
registros, particularmente, reproducen el sesgo mencionado en la legislación acerca de la falta de  
ponderación de la “salud mental.  
Este primer ejercicio interpretativo nos permite dibujar un panorama de los efectos en los cuerpos  
vinculados a las actividades laborales, de manera situada. Las limitaciones de las fuentes resultan  
a tono con lo que se viene observando. De manera diferencial, las definiciones de “accidentes/en-  
fermedades laborales, zonas del cuerpo” o algunas de las condiciones relevadas en la Encuesta  
sobre condiciones resultan restrictivas respecto al conjunto amplio de afecciones que implica la  
mirada amplia sobre las “marcas corporales” que hemos desarrollado hasta aquí. No obstante, y  
ante la escasez de datos cuantitativos, podemos tomar estos indicadores como una primera pista.  
Al respecto, vale destacar algunas consideraciones:  
1) En primer lugar, es innegable que los llamados “problemas de salud mental” han ganado cen-  
tralidad en la agenda pública. Aunque en Córdoba persisten serias limitaciones en los regis-  
tros situados, los datos nacionales muestran que se trata de una problemática estructural —en  
función de los riesgos identificados—. La ausencia de registros en los mecanismos formales  
de accidentes y enfermedades en este territorio, lejos de indicar inexistencia del fenómeno,  
confirma la necesidad de adecuar las herramientas e instrumentos para su registro y análisis.  
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Pedro Lisdero  
2) En segundo lugar, y en relación con los sesgos de los instrumentos, los datos disponibles evi-  
dencian la necesidad de incorporar dimensiones que permitan comprender la radicalidad de  
la organización digital del trabajo. Esto implica, por ejemplo, desarrollar indicadores que den  
cuenta de los riesgos y condiciones laborales en contextos que cuestionan de forma profunda  
las concepciones tradicionales de tiempo y espacio de trabajo, tanto como los propios “usos”  
del cuerpo.  
3) En tercer lugar, a medida que avanza la metamorfosis de la estructura productiva cordobesa —  
con el creciente peso de sectores como los servicios—, se complejiza también el mapa de afec-  
ciones, según muestran los datos. Esto plantea la necesidad de un marco de comprensión global  
ante posibles “solapamientos” entre afecciones asociadas históricamente a formas específicas  
de organización del trabajo y otras “marcas corporales” comunes, derivadas de la homogenei-  
zación de interacciones propia de la expansión del trabajo digital.  
4) Por último, la identificación de “zonas corporales” en los registros de la SRT remite a ciertos  
sesgos biologicistas-higienistas ya señalados. Esto abre la posibilidad de aportar, desde una  
sociología de los cuerpos/emociones, una relectura de los “síntomas” que permita ajustar tan-  
to los instrumentos de registro como el alcance de los análisis. Sería relevante, por ejemplo,  
“sociologizar” la sintomatología asociada a la “ansiedad” y la “depresión” —ecología emocional  
destacada por el informe OMS-OIT— e indagar en sus posibles vínculos con las condiciones y  
riesgos definidos en los instrumentos, así como con las “zonas del cuerpo” afectadas que figu-  
ran en los registros de accidentes y enfermedades laborales.  
Habiendo avanzado en esta primera contextualización, recuperaremos la mirada de los propios  
trabajadores cordobeses sobre sus afecciones, a continuación.  
3.2. Marcas corporales: un recorrido desde las voces de los actores  
Entre 2022 y 2025, realizamos unas 60 entrevistas en profundidad a trabajadores de Córdoba y  
Villa María, en el marco de diversas investigaciones1. Todas ellas partieron de los presupuestos  
teóricos aquí expuestos sobre la relación entre cuerpo, emociones y trabajo. En conjunto, las con-  
versaciones se orientaron – entre otras – a indagar cuáles son las capacidades vitales requeridas  
y valoradas del cuerpo en distintas cadenas de producción de valor, y cómo operan las emociones  
en su construcción, especialmente en el contexto de la digitalización de las tareas.  
En la selección de actividades priorizamos ocupaciones con alta intensidad laboral, en función de  
la prevalencia encontrada en la Encuesta Nacional a Trabajadores sobre Condiciones de Empleo,  
1
Se alude a diversas investigaciones, colectivas e individuales: “Sensibilidades sociales y trabajo digital (2024-2026)” (CO-  
NICET); “Trabajo, conflicto y vida cotidiana en la Sociedad 4.0 (2023-2024)” (UNVM); “Trabajar/estudiar/entrenar en  
Sociedades 4.0 (2023-2024)” (UNVM); “Metamorfosis del trabajo, Sensibilidades sociales y digitalización de la vida (2022-  
2024), PICT 2021 FONCYT. A pesar de que cada proyecto tiene objetivos particulares, todos ellos se orientan a dar cuenta  
de las tensiones entre sensibilidades y metamorfosis digital del trabajo. Además, están dirigidos el autor, comparten puntos  
de partida teórico-epistemológicos, implican en algunas de sus instancias la realización de entrevistas en profundidad a  
trabajadores de las ciudades de Córdoba y Villa María. En todos los proyectos, se hizo la selección de la muestra de entre-  
vistados a través de la técnica de “bola de nieves, facilitada por informantes claves y por ingresos anteriores al campo. En  
la construcción de las muestras, tal como se especifica aquí, se buscó heterogeneidad de actividades-ocupaciones, puestos,  
género, nivel educativo, entre otros. Para este artículo, recuperamos el conjunto de estas entrevistas, analizando las dimen-  
siones vinculadas a “usos del cuerpo” y “ecologías emocionales. Para el aludido análisis, se procedió a la codificación para  
favovecerlo en función de las categorías mencionadas, a partir del Software Atlas.ti,  
10  
Marcas corporales y trabajo digital  
Trabajo, Salud y Seguridad (ENTCSS, 2018). Sin embargo, también buscamos entrevistar a algunos  
trabajadores que contrastaron en este rasgo, con el fin de diversificar los perfiles incluidos. Inclui-  
mos entonces ocupaciones tanto del sector servicios como del primario, procurando hacer foco  
en actividades emergentes y dinámicas dentro de las estructuras ocupacionales de las ciudades  
analizadas.  
Además, nos centramos en trabajos donde la mediación digital era abiertamente reconocida —y  
problematizada— por los propios trabajadores. Entre otros, se entrevistaron trabajadores de delive-  
ries por aplicación, freelancers (en servicios informáticos), trabajadores de actividades comerciales,  
empleados de empresas de robótica, productores del sector primario con uso intensivo de tecnolo-  
gía y docentes del sector público y privado que desempeñan sus tareas a través de medios virtuales.  
En su conjunto, la muestra obtenida resulta diversa tanto en variables poblacionales (edad, sexo/  
género, nivel educativo) como laborales (formas de contratación, antigüedad en la ocupación, ni-  
vel de ingreso, etc.). No obstante, la muestra no constituye un mapa completo o representativo  
de la estructura ocupacional ni del complejo escenario implicado en la metamorfosis digital del  
trabajo. Por el contrario, la selección de casos fue intencionadamente orientada a captar las di-  
ferentes formas de “poner el cuerpo” en un rango amplio —aunque no exhaustivo— de cadenas  
productivas. Si bien la diversidad de ocupaciones ameritaría un conocimiento más profundo de  
las particularidades de cada cadena, la posibilidad de reunir este universo de experiencias en una  
sola unidad de análisis responde al desafío de trazar una propuesta conceptual integradora, que  
rompa con la fragmentación habitual en los estudios sobre trabajo digital. Así, el propósito es co-  
menzar una reconstrucción de ejes analíticos comunes en torno a un rasgo que parece atravesar y  
homogeneizar las distintas labores: lo que implica “poner el cuerpo” en las mediaciones digitales  
y emocionales propias de las metamorfosis contemporáneas del trabajo.  
En el marco de esta búsqueda, las narrativas de las experiencias vividas por los propios sujetos per-  
miten elaborar un mapa inicial de las marcas corporales, que, acorde a la propuesta que venimos de-  
sarrollando, podemos organizar en torno a las “huellas, motores” y “faros” que las mismas implican.  
a. Marcas corporales en tanto “huellas” de los procesos de precarización:  
Independientemente de las divergencias en las ocupaciones y sectores, resulta interesante partir  
desde estas coordenadas observables en las narrativas analizadas, puesto que abundan las pers-  
pectivas (naturalizadas y naturalizantes) que asocian el espacio y las tareas digitales a la inexis-  
tencia de cuerpo, de condiciones concretas o de desgastes asociados a la misma. Estas narrativas  
no solo impregnan algunos discursos teóricos des-corporizados, sino que se hacen cuerpo en los  
trabajadores. Constituyen verdades “huellas, que no pueden ser sino construidas a partir de las  
in-corporaciones de las múltiples biografías de precarización, las cuales se constituyen y “hacen  
realidad” a partir de la resignación como condición de trabajo.  
En una entrevista, un repartidor (trabajador de una aplicación de reparto) señala con claridad:  
Te cagás de frío (…) te cagás de calor. Pero como… no sé, comparada con una hora de trabajo  
de albañil, yo me quedo con una hora de trabajo en Pedidos Ya. No me estoy quedando sin  
cintura, ni me estoy arruinando las manos, a lo mejor por menos plata (Rider, ciudad de  
Córdoba, 2022).  
La comparación no solo ubica un umbral corporal del daño, sino que introduce una economía  
moral de la afección: “es un trabajo bastante bueno para lo que vos ofrecés” (Idem). El cuerpo aquí  
11  
Pedro Lisdero  
aparece como umbral de equivalencias y modulaciones, donde la intensidad del malestar se mide  
en relación con otras formas de explotación.  
Es interesante remarcar cómo la exposición ambiental —térmica, temporal— no solo enfatiza que la  
incorporación de las TIC no libera al trabajo del “sufrimiento” más “terrenal, sino que lleva al extre-  
mo el modo naturalizado de “sentir” las condiciones de trabajo como algo “normal. En tanto “huella,  
existe en la instanciación de esa “resignación” ante el “mandato de naturalización” de las condiciones  
precarias, y se inscribe como una marca del cuerpo social, esto es, una coordenada que muestra las  
formas aceptadas que tiene una sociedad para distribuir – y extraer – las energías productivas. En  
contraste con el régimen que idealmente pareció estructurar los derechos sociales del trabajo en el  
marco de la sociedad salarial, las marcas corporales asociadas a la expansión de la digitalización de  
las tareas en el Sur Global parecen más asociadas a consagrar las huellas de la precariedad laboral.  
En cualquier caso, desde las experiencias de diferentes ocupaciones, se constata que la tarea digi-  
talizada no viene a “liberar” al trabajador del “yugo” del sufrimiento, sino que, por el contrario, la  
experiencia de trabajar digitalmente se vuelve “más sensorial, en un esquema emocional que lo  
liga a los efectos de la precarización. La constante a destacar es que la “marca corporal” constituye  
un rasgo doble: por una parte, se sienten los efectos de la “tendencia a la baja” de las condiciones  
de trabajo (dimensión que se expresa de manera particular en cada ocupación: calor/frío para  
los riders, equipamientos o tiempos de trabajo para docentes y/o freelancers, etc.), y por otra, se  
siente la necesidad redoblada de soportar peores condiciones.  
b. Marcas corporales en tanto motor de la acción  
Otra de las modulaciones emocionales, vinculadas a las “marcas corporales” exploradas en los tes-  
timonios realizados, está relacionada con “cierto modo de ser en el trabajo, que se configura como  
una especie de “motor” que activa los particulares mecanismos de cooperación que el trabajo digital  
necesita. Es decir, esta dimensión enfatiza lo que hay en ciertas ecologías emocionales como clave  
para entender una parte de las gramáticas de las acciones en las que estos sujetos se ven involucrados.  
Así, “poner el cuerpo” no solo refiere a la temperatura, la resistencia física, o aún a la necesidad  
de poner mis “propias” herramientas de trabajo, o todas “mis horas de vida. Supone también un  
involucramiento emocional que resignifica el sentido del trabajo. Una trabajadora docente que  
imparte clases a través de herramientas digitales, lo expresa desde otra gramática:  
Todo lo corporal también influye en las emociones, por supuesto, y se nota a través de tu  
cambio de humor, de tu mirada hacia las cosas, al arrancar el día, desde tu actitud (Traba-  
jadora docente, Villa María, 2023).  
La afectación del cuerpo impacta directamente sobre los estados de ánimo y, a su vez, transforma  
las disposiciones hacia el trabajo y la vida en general.  
En palabras de un entrevistado, que transitó el paso de ser “empleado” a ser un “productor de  
contenidos online” por su propia cuenta:  
(...) Yo creo que mi cansancio se traduce muchas veces en enojo, se traduce en silencio...  
Es como si se produjera la cancelación de mi palabra, y me cuesta hablar sobre eso, que a  
veces creo que generaría alivio. El hecho de poder decir “che, estoy cansado, quiero frenar  
un ratito” (...) (Productor de contenido freelancer, ciudad de Villa María, 2025).  
12  
Marcas corporales y trabajo digital  
Esta expresión revela que el agotamiento no solo se inscribe en el cuerpo, sino que también lo  
constituye como una forma afectiva del ser: para quien hace de la palabra un oficio (creador de  
contenido), la dificultad para nombrar el malestar es al mismo tiempo una marca de la resignación  
ante la naturalización del proceso de precarización (implicado en no tener descanso en la produc-  
ción de contenido), y un motor que le imprime una velocidad particular a su vida.  
Esta circulación de energía vital no está exenta de desgaste. Otro repartidor reconoce: “No sé si  
voy a ir (a trabajar) porque ando medio adolorido del abdominal” (Rider, Ciudad de Córdoba,  
2024). A pesar de que el tono puede parecer trivial, la normalización del dolor funciona como  
una señal de fondo, en la que el cuerpo aparece como vehículo sacrificable, amortiguado por una  
retórica de la autosuficiencia. Pero si además aceptamos que lo que el trabajador pone en juego  
no solo tiene que ver con la inversión de sus “músculos orgánicos, sino con el enorme caudal de  
trabajo emocional que la cadena digital de trabajo demanda, las afectaciones en las “formas de  
sentir” parecen no tener límites en cuanto a su sacrificio.  
c. Marcas corporales en tanto faro  
Esta dimensión, junto con la anterior, completa un cuadro necesario para re-construir las gramáti-  
cas que se derivan del régimen de sensibilidades asociados al trabajo digital, tal como lo venimos  
explorando. Así, si la idea de motor remite al “anclaje subjetivo” que se activa en el mecanismo de  
cooperación, la figura del “faro” busca enfatizar los límites de las posibilidades de acción de los  
cuerpos “afectados” por este particular régimen.  
Explorando las entrevistas a los trabajadores, encontramos que, por momentos, el desgaste  
identificado en torno a las tareas digitalizadas produce un repliegue en las relaciones sociales.  
Como relata uno de los entrevistados: “La verdad que después del laburo no me quedan ganas…  
Estoy muerto, no me da para juntarme y esas cosas (…)” (Trabajadora de Comercio, Córdoba,  
2024).  
La disposición corporal al rendimiento opera como frontera relacional: la inversión emocional en  
el trabajo se produce a costa no solo del lazo, sino que el aislamiento se instala como saldo social  
de la autoexplotación. No estamos – al menos no solamente – frente a subjetividades que priori-  
zan un cálculo racional-individual, sino ante una marca en el cuerpo colectivo que remite a otros  
ritmos de los procesos de individuación.  
Esta frontera no es un mero resultado individual, sino que cristaliza en modos de silencio, replie-  
gue afectivo y hasta una suerte de “cancelación de la propia palabra, como cuenta el entrevistado  
que trabaja generando contenido que vimos en el apartado anterior:  
Desde hace mucho tiempo no tengo fines de semana, se trabaja de lunes a lunes y jornadas  
largas. (...) Me hace falta porque me gusta leer mucho y no estoy teniendo ese tiempo. Y  
además la lectura es también la materia prima de lo que yo hago y bueno, se genera una  
cosa ahí que te diría que me genera tristeza a veces (Productor de contenido freelancer,  
ciudad de Villa María, 2025).  
Podemos ver aquí cómo la disposición al rendimiento maximizado, lejos de habilitar una autosufi-  
ciencia heroica, se traduce en soledad, repliegue y tristeza. El régimen de digitalización devora los  
tiempos de ocio y los lazos sociales, desmembrando el cuerpo colectivo, precisamente en nombre  
de la eficiencia y la competitividad.  
13  
Pedro Lisdero  
“Sentirse solo, triste, resignado” como condición para “ser operativo, más competitivo, más  
eficiente en mi trabajo/vida, es una expresión de las geometrías corporales en los modos digitales  
de producción: precisamente la fenomenal capacidad de algoritmo de articular consumo/produc-  
ción; oferta/demanda, tiempos/espacio, tiene su correlato en un cuerpo colectivo des-membrado.  
4. Conclusiones  
En este artículo, nos propusimos comprender las “marcas corporales” como un concepto clave  
para analizar el trabajo en las Sociedades 4.0, en un contexto de digitalización creciente y emo-  
cionalización de los procesos productivos. A partir de fuentes secundarias y entrevistas a traba-  
jadores digitales en Córdoba y Villa María, planteamos un marco crítico desde una sociología del  
cuerpo y las emociones, orientado a repensar la salud mental laboral más allá de ciertos posibles  
sesgos, incorporando una particular forma de comprender la experiencia de trabajo digital.  
Así, la explotación de las marcas corporales presentadas nos permite destacar tres dimensiones  
interrelacionadas. En primer lugar, en tanto huellas, encontramos que las voces de los trabajado-  
res expresan los rastros emocionales que los procesos de precarización histórica del trabajo dejan  
en los cuerpos. Así, las molestias musculares, estados de ansiedad o agotamiento, etc., condensan  
la inscripción material de las exigencias productivas y muestran cómo la digitalización uniformiza  
no solo la experiencia laboral, sino además ciertos patrones de desgastes que dan forma al cuerpo  
social de la digitalización.  
Por su parte, las marcas, en tanto motor, muestran las disposiciones vitales y afectivas que impul-  
san la actividad laboral, como la motivación, la autogestión y la capacidad de armonizar ritmos  
personales con demandas externas. Lejos de ser un residuo, los afectos, en tanto energía corporal,  
se convierten en un recurso productivo central en la economía digital. Finalmente, en tanto faro,  
estas marcas configuran prácticas asociadas a los límites y costos sociales: el rendimiento y la  
autoexplotación derivan en aislamiento y repliegue relacional, configurando un cuerpo colectivo  
fragmentado.  
En conjunto, estas dimensiones muestran que el trabajo digital intensifica la imbricación entre  
corporalidad, afectividad y condiciones productivas. Ellas ofrecen claves para comprender y se-  
guir investigando cómo la digitalización reordena las energías vitales y los lazos sociales en el  
capitalismo contemporáneo.  
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16  
Marcas corporales y trabajo digital  
Marcas Corporais e Trabalho Digital:  
Contribuições a partir de uma Sociologia  
dos Corpos/Emoções  
Bodily Marks and Digital Labor:  
Contributions from a Sociology of  
Bodies/Emotions  
Abstract  
Resumo  
This article interprets the “marks” of working bo-  
dies in Societies 4.0 (Scribano and Lisdero, 2019),  
integrating contributions from the body and emo-  
tion theory. Based on secondary sources and in-  
terviews with digital workers in Córdoba and Villa  
María (Argentina), it seeks to problematize the  
emotional dimension of digital work and propose a  
broad notion of “body marks” as key to understan-  
ding current restructuring processes. The paper is  
organized around three axes: (1) a conceptualiza-  
tion of the intersection between digitization and  
emotionalization of work, proposing body marks  
as an analytical tool; (2) the presentation of secon-  
dary data that contextualizes traditional ways of  
addressing bodily conditions at work; and (3) the  
recovery of the voices of the actors to explore the  
relationship between bodily marks and emotions,  
providing significant clues for understanding the  
ongoing processes of social restructuring.  
Este artigo interpreta as “marcas” dos corpos-que-  
-trabalham nas Sociedades 4.0 (Scribano e Lisde-  
ro, 2019), integrando contribuições da teoria so-  
cial do corpo e das emoções. Com base em fontes  
secundárias e entrevistas com trabalhadores digi-  
tais em Córdoba e Villa María (Argentina), busca-  
-se problematizar a dimensão emocional do traba-  
lho digital e propor uma noção ampla de “marcas  
corporais” como chave para compreender os pro-  
cessos de reestruturação atuais. O artigo está or-  
ganizado em três eixos: (1) uma conceituação da  
interseção entre digitalização e emocionalização  
do trabalho, apresentando as marcas corporais  
como ferramenta analítica; (2) a apresentação de  
dados secundários que contextualizam as formas  
tradicionais de abordar as afecções corporais no  
trabalho; e (3) a recuperação das vozes dos ato-  
res para explorar a relação entre marcas corporais  
e emoções, fornecendo pistas significativas para  
compreender os processos de reestruturação so-  
cial em curso.  
Keywords: Bodies; Emotions; Digital; Work; Ar-  
gentina; Sociology  
Palavras-chave: Corpos; Emoções; Digital; Traba-  
lho; Argentina; Sociologia.  
Histórico  
Recebido: Setembro/25  
Parecer: Setembro/25  
Aceito: Outubro/25  
Aceito: Outubro/25  
Revisado Autor: Outubro/25  
Revisão Gramatical/Ortográfica e ABNT: Novembro/25  
Revisado Autor: Novembro/25  
Publicado: Dezembro/25  
Equipe Editorial Revista TOMO envolvida no processo editorial deste artigo  
Marina de Souza Sartore (Editora-Chefe)  
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