Marcas corporales y trabajo digital
En primer lugar, es importante enmarcar la emergencia del “trabajo digital” a partir de algunas
líneas de continuidad con un vasto campo de estudios dedicado al análisis del “mundo del trabajo”.
Así, durante las últimas cinco décadas, este campo ha aportado evidencia acerca de una serie de
transformaciones estructurales (Castel, 2002; Antunes, 2005) que han reconfigurado profunda-
mente las relaciones laborales cotidianas. Entre los aspectos más relevantes, se destacaron los
cambios en la composición de la clase trabajadora, los procesos de transnacionalización y reterri-
torialización, la pérdida de derechos laborales y la reorganización de los procesos de trabajo, entre
otros (Antunes, 2005).
En segundo lugar, el fenómeno del trabajo digital se enmarca en el despliegue de lo que ha sido
conceptualizado como “Sociedad 4.0” (Scribano y Lisdero, 2020). Esta noción se refiere a un salto
cualitativo y cuantitativo posibilitado por el acceso acelerado a computadoras más potentes y con
mayor capacidad de almacenamiento, junto con una drástica reducción en los costos de los dispo-
sitivos y servicios asociados a las TIC, entre otros (United Nations Trade and Development, 2017).
Este fenómeno ha tenido un impacto inédito —y creciente— en las actividades más relevantes de
la vida cotidiana.
En el campo de los estudios del trabajo, es posible identificar tres ejes analíticos en torno a la de-
finición de la noción de “trabajo digital”:
•
La discusión en cuanto a los objetos de expropiación en los procesos digitales, destacando el
lugar diferencial del cuerpo y el conocimiento dentro del marco de una renovada teoría del
valor (Fuchs, 2014; Fumagalli, 2015; Huws, 2013);
•
Los debates sobre los procesos laborales y sus soportes materiales (coordinación espacio-
-temporal de las interacciones productivas), en los que cobran relevancia conceptos como
“prosumo” (Ritzer y Jurgenson, 2010), “Playbour/Gamebour” (Lund, 2015), “trabajo gratuito”
(Terranova, 2012), “trabajo no remunerado” (Fuchs, 2014), y formas colaborativas o coopera-
tivas de producción (Meil y Kirov, 2017);
•
Finalmente, un tercer grupo de investigaciones se orienta al estudio de la constitución de los
sujetos laborales, subrayando procesos de intensificación, dependencia global, feminización
y neotaylorismo (Huws, 2013), así como precarización (Dyer-Witheford, 2015) y heteroge-
neidad en términos de organización, entornos y relaciones contractuales (Fuchs y Sandoval,
2014).
En tercer lugar, las dimensiones hasta aquí problematizadas —transformaciones laborales y digi-
talización— impactan fuertemente en las experiencias cotidianas de los trabajadores, que desde
nuestra perspectiva analizaremos poniendo al cuerpo y a las emociones como coordenadas cen-
trales (Scribano y Lisdero, 2020). En este sentido, y desde una mirada amplia, puede observarse
que los enfoques sociológicos sobre el cuerpo y las emociones se remontan a los “clásicos”, como
Georg Simmel (Alastuey, 2000; Le Breton, 2002), Marx (Haber, 2007), y autores como Norbert
Elias (1993), Pierre Bourdieu (1991) y Anthony Giddens (1993), entre otros.
En tanto campo disciplinar, algunos autores sitúan el inicio de la sociología del cuerpo en los tra-
bajos de Brian Turner (Gremilion, 2005), mientras que otros destacan a Thomas Scheff, Arlie Ho-
chschild y Theodore Kemper como pioneros en el estudio sociológico de las emociones (Alastuey,
2000). Más allá de la pertinencia del cuerpo/las emociones como objeto relevante para la teoría
social, nos interesa aquí abordar de lleno cierta vacancia que suele tener en el análisis de las trans-
formaciones de los fenómenos laborales (Bolton, 2010).
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